Microclima en la escuela

BY joan IN No comments

En cualquier conversación de café del miércoles (el lunes está reservado al fútbol dominical y el martes a los quehaceres de la política de nuestro país) uno de los temas más recurrentes es el tiempo: que si ya estamos en noviembre y parece que sea principios de junio, que si antes las castañas las comíamos con bufanda y guantes y ahora lo hacemos con manga corta, que si el cambio climático, la capa de ozono o la descongelación de los polos…. es decir que en el siglo XXI parece que el tiempo meteorológico dista mucho de ser el mismo que hace unos años. 

   Si en este tema nos ponemos todos más o menos de acuerdo, no tanto en el tema futbolístico y menos en el político, no se entiende que en las escuelas ese cambio climático del que todos constatamos su efecto no se haya producido. Hay muchas escuelas que parecen el síntoma de la burbuja temporal, viven inmersos en un microclima especial que se aleja del clima que se respira en las calles, que se mueve en la redes sociales, que se transpira en otros centros. Microclimas que se han parado en el tiempo y que siguen haciendo lo mismo que antaño, ya que dentro de la escuela sigue haciendo el mismo tiempo que hace cuarenta años: libros de texto, pupitres en filas, murales de animales y del cuerpo humano…. 



    Importa poco que los alumnos tengan calor en noviembre, es que en noviembre toca que haga frío, y hay que encender la calefacción. Importa poco que ya las castañeras con manta y guantes sean sólo producto de cuentos, hay que dibujarlas por doquier, importa poco que la nieve sea solo un producto de la televisión, ya que hay que hacer muñecos de nieve … nos hemos adaptado tanto a hacer lo de siempre que ya no caemos en la cuenta que los alumnos ya no son los de siempre. 

    No estoy en contra de la tradición, de salvaguardar las costumbres de un lugar, pero con estos ejemplos quiero dar a entender que no podemos convertir las escuelas del siglo XXI en lugares cerrados donde no nos damos cuenta que los tiempos han cambiado y que no podemos hacer lo mismo que antaño.
Una de las soluciones para la escuela podría ser abrir las ventanas, ver lo que hay allí fuera, convertir las escuelas en calles y plazas de ciudades modernas, no usar los paraguas si no llueve, ir en manga corta en diciembre, abrir puertas en vez de cerrarlas por miedo a que salga el calor y entre el frío. Abrir puertas a la innovación, a la creatividad, y no cerrarlas para anclarse en lo de siempre porque siempre se ha hecho igual. En la medida que cambiemos el clima de la escuela, lograremos convertirla en algo más cercano y más real a la vida de nuestros alumnos. 

Y entonces cuando haga frío de verdad en la calle también lo hará en la escuela.

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