Sentimientos de fin de curso

BY joan No comments

Ayer di por cerrada mi presencia física en la escuela este curso 2015-2016. Al cerrar la puerta y salir a la calle me invadieron diferentes sensaciones, unas de comunes a todos los años pero también de nuevas y diferentes. 


Y pienso que es importante, hoy que me he levantado aún a la misma hora de siempre, hoy que me he preparado el café envuelto en esa paz que sólo en las primeras horas de la mañana puede respirarse en una casa presidida por dos incansables enanos… a esta hora pienso que es importante evocar por escrito estas sensaciones que aún perduran en mi interior, y no dejar que el tiempo estival las olvide en el cajón de los temas perdidos. 

Sensaciones que siento todos los años cuando llega esta época: sensaciones en que se mezcla un sentimiento de alegría al ver por delante una gran cantidad de días donde el despertador deja de ser protagonista, donde las prisas desaparecen de la agitación matinal, donde el paso lento las horas coge protagonismo. Sentimiento de paz exterior y interior donde paisajes verdes de montaña, o arenas de playa serán los escenarios de fondo. Sentimiento de liberación al saber que romperé con la monotonía de los últimos diez meses, de ver las mismas calles, las mismas gentes, sentimiento de descanso físico y mental, sentimiento de satisfacción provocado en mayor parte por el hecho de haber cumplicado con lo que se le pide que no por los resultados obtenidos, sensación agridulce de comprobar año tras año que aún se podría haber hecho más, que aquello que uno se planteó en septiembre volvía a ser utópico de realizar una vez acabado, el curso...sensaciones idénticas que se repiten al cerrar la puerta desde hace veinte años…

 Pero este año, se presenta como artista estrella una sensación diferente, una más que se suma a las demás pero que pasa por delante de ellas sin apenas inmutarse. Una sensación que no viene sola sino acompañada de compañeras de viaje: La sensación de ilusión
Ilusión porque el próximo curso empiezo una función nueva dentro de la escuela, la de jefe de estudios (aunque la palabra jefe me repatea) me suena a institución militar o a una jerarquía que detesto. El caso es, que se ha confiado en mí para llevar a cabo esta tarea. Tiempo habrá el próximo curso para ir reflexionando sobre este nuevo reto, pero vaya por delante, que la ilusión con lo que lo afronto es muy superior a todas las demás sensaciones con las que viene acompañado el cargo. Una ilusión que era muy necesaria para llenar el depósito de gasolina de mi motivación como docente, un reto que viene a resumir mi estado vital estos últimos años. 
Y sí queridos lectores, lo afronto con ilusión y lo asumo como un reto importante dentro de mi poca variada vivencia profesional. Pero ese sentimiento de ilusión como decía también viene acompañado de dos sentimientos que envuelven esta aureola de ilusión. Sentimientos como el de miedo: ¿Seré capaz de cumplir con la confianza depositada en mi? ¿seré capaz de hacer lo que se supone que he de hacer? ¿Y si lo hago mal? Pero a su vez ese miedo también le acompaña e incluso va unos pasos por delante el sentimiento de esperanza: ese sentimiento que creo que es muy necesario en la educación actualmente, ese sentimiento de querer cambiar las cosas, y tener la esperanza de poder hacerlo, esa esperanza que también va cogida de la mano de la duda de como hacerlo, de qué pasos seguir, pero tener la firme sensación de que si se consigue hacer camino todo el claustro junto es posible.

 Como veis, sentimientos idénticos pero también diferentes, sentimientos que con el paso de los días estivales se acabarán diluyendo pero que volverán con fuerza el mes de septiembre.

 De momento dejaremos cerrado por vacaciones este sencillo espacio de reflexión y intentaremos que cobre vida el verbo más apropiado : Desconectar. ¿Seré capaz


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