Tres Barcos por el cambio

BY joan No comments

Prometo solemnemente que este es el último artículo que de momento le dedico a la innovación educativa. Innovación entendida como cambio, innovación entendida como dejar de hacer lo que se hacía siempre para asumir nuevos caminos, nuevos retos, nuevos desafíos o nuevas metas.  
Después de haber leído mucho sobre el tema, haber acudido a más de un debate, o de estar diariamente consultando en twitter bondades y excelencias de llevar a cabo procesos de innovación o cambio, me he permitido la humilde licencia de establecer tres parámetros o tres versiones diferentes de los porqués de querer iniciar el cambio o innovar o la necesidad que tienen de hacerlo algunas escuelas o algunos docentes, muchos, casi todos, algunos, pocos... dependiendo de la realidad de cada uno. 
  • En un primer grupo podrían estar aquellas escuelas o algunos docentes que han iniciado este camino por el proceso “copiar y pegar” han visto que si no hacían algo “nuevo” podían perder la “clientela”, cerrar el chiringuito, bajar las persianas o como querais decirlo. Por lo que se han puesto manos a la obra, y sin mucha reflexión por delante, se han puesto a modificar espacios, quitar libros de texto o iniciar al alumnado y al mismo tiempo al profesorado con nuevas metodologías molonas, han puesto ipads en P3 o impresoras 3d para llamar la atención a los futuros padres y ya está. 
  • También, en otro colectivo diferente, podríamos encontrar aquellas escuelas o mejor dicho a aquellos profesores denominados de culo inquieto que para estar motivados necesitan cambiar de forma contínua, que la gasolina que mueve su vocación y su tarea diaria es la de no hacer siempre lo mismo, que necesitan probar cosas, que necesitan experimentar, equivocarse. Que intentan bucear por las redes para encontrar aquella chispa con la que encender su quehacer en el aula o en la escuela. 
  • Por último si, partimos de la base que en todos los estudios habidos y por haber se coincide en que los alumnos ya no son como diez años atrás, que las circunstancias sociales, que las relaciones laborales, la era digital etc han hecho que los cerebros de los niños y niñas demanden diferentes tipos de aprendizaje, si estamos de acuerdo con esto encontraremos a un grupo de docentes que por coherencia personal se obligan a cambiar su manera de hacer las clases, su manera de evaluar, rompen con viejos prejuicios. Escuelas, o instituciones que han iniciado este camino por convencimiento o fruto de haberse formado seriamente y haber llegado a la conclusión que había de hacerlo. En este grupo podríamos diferenciar claramente a aquellas instituciones o escuelas que a esta conclusión ha llegado un grupo numeroso de sus docentes o incluso familias de sus alumnos o propios alumnos, o aquellas escuelas que este proceso no se ha realizado y son algunos de sus docentes los que sí que han por coherencia iniciado estos cambios.

     Jugando a imaginar, supongamos que estes tres grupos son tres barcos que zarpan con la idea de cambiar paradigmas de la escuela evidentemente no llegan al mismo puerto, aunque los tres parten de la necesidad de cambiar, los tres no están hechos del mismo material y a la primera tempestad algunos se hundirán sin remedio. A las primeras dificultades el material se vendrá abajo, y los marineros no tendrán la formación suficiente como para sacar el barco a flote. Aunque las diferencias entre un primer grupo y el segundo son evidentes, los dos tienen mimbres como para concluir que su travesía fracasará más tarde o temprano. No se puede pretender llevar a buen puerto un cambio en la escuela, sólo con copiar lo que hacen los demás, o teniendo como objetivo más importante captar nuevos alumnos. Aquí fallan los cimientos, el cambio ha de darse por un convencimiento claro que lo que importa de verdad, lo que está en juego es el futuro de los alumnos que tenemos, sean 20, 40 o 50.000. Y tampoco se puede cambiar la educación de una escuela o de un grupo de alumnos, sin partir antes de una reflexión profunda, de tener claro unos objetivos. Está muy bien, y creo que es una característica que ha de tener un maestro/a innovador: Ser curioso, inquieto, asumir riesgos, equivocarse… pero no fruto de la inconsciencia, de la poca planificación o de la falta de reflexión.

Evidentemente lo ideal sería que todos los docentes y todas las escuelas iniciásemos nuestra travesía en el último grupo. aquellos que la hacen bajo el convencimiento que es lo mejor, lo necesario para el alumnado actual y básico, esencial, que este proceso, este viaje se inicie cuando el barco esté bien construido y sus marineros estén preparados, formados y convencidos de echarse a la mar. 

 ¿y tu escuela y tú dónde estáis?

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